El loco solo y el millón de ignorantes.

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El día que Maribel Sapp dio su primer fruto a la sociedad estaba inmersa en la alegría, las mariposas volaban, las nubes dispersas, el cielo exageraba el azul.

El sol brillaba. El loco solo siempre estaba seguro de lo que pensaba, aunque, algunas veces, se mostraba ansioso por lo que los demás pensaban de sus ideas.

Era un pedante. Muy pequeño, el loco solo meditaba e interpretaba la vida a otra escala, cosas que sus amiguitos no entendían; jugaba con los demás chicos, pero lo rechazaban, porque pensaban que era un loco, el loco solo.
El loco solo se sentía aislado de la sociedad, no lograba adaptarse a ella, pero sí a sus ideas, su manera de ver la vida, sus leyes, su ética.

No tenía el mismo pensamiento que los demás chicos (a su escasa edad); era diferente a todos; todos diferentes a él. Inclusive, tenía un coeficiente intelectual tan alto que se podía comparar con una persona de provecta edad.
Maribel Sapp estaba preocupada, porque veía que su hijo no era un chico normal, hacía todo lo que tuviera a su alcance para complacer a su hijo, pero nada le complacía.

Llevó al chico al sicólogo, pero éste le dijo que el niño estaba en buenas condiciones, en cambio, debería sentirse orgullosa de tener un hijo diferente. Maribel Sapp  asentió sin saberlo…
El loco solo crecía viendo a su alrededor que todos pensaban iguales, tenían el mismo ideal, comían a la misma hora, se acostaban y despertaban a la misma faena, pero sabía que todos eran diferentes.

Decían que era raro. El loco solo crecía físicamente, crecía intelectualmente, carecía del tedio, lleno de humor, pero era un loco solo; Así le llamaban sus amigos.

Los años pasaban. El loco solo expandía su curiosidad, investigaba por qué todos actuaban iguales, los sueños, de donde vino y hacia donde va, por qué trabajan, el dinero, las costumbres, y lo inédito, la muerte.

Pasaban los años. Encontraba respuestas a sus curiosidades y la exponía a la sociedad. Una vez, toda la sociedad en la que pertenecía loco solo carecían del abastecimiento de la comida; loco solo, tan sólo como estaba, plantó semillas de arroz, habichuelas, vegetales y frutas, y con una lanza se fue a pescar al mar.

La multitud se sintió agradecida. Una chica estaba deprimida, loco solo le hizo sentir triste y decepcionada, pero no deprimida. Un hombre de la multitud se sembró una punta de alfiler en el pulgar de su pie izquierdo, loco solo le auxilió.

La voz corría, y loco solo ganaba fama.
Es un chico maravilla, decía la gente. Pero si soy un loco solo ellos son un millón de ignorantes, sostenía loco solo.
Maribel Sapp, orgullosa, le dio gracias a Dios por tan grato regalo.

Loco solo mostraba el camino y el millón de ignorantes lo recorrían, era un científico nato, la ciencia lo confirmó, era un idealista sin límites, una vez la sociedad lo reprobó.

Sus argumentos eran sólidos, lo que él decía el millón de ignorantes lo aceptaba. Internalizaba todo lo que veía y trataba de adaptarse al millón de ignorantes, pero era diferente a todos.
El millón de ignorantes ya estaban acostumbrados a que el loco solo le mostrara el camino, todos asentieron que el loco solo era el más competente de todos, el que podía guiar con confianza. Se aferraban a loco solo.
Pasaban los años. Loco solo advertió que uno del millón de ignorantes se le acercaba, le dijo que ya estaban cansados y viejos, querían llegar a la otra vida; loco solo le mostró el camino; ellos recorrieron el camino.

Tiempo después volvió otro del millón de ignorantes a decirle a loco solo que el camino tiene un muro; loco solo llegó al muro. Cámara y acción. Buscó madera, las clavó paralelas a dos pilares verticales, les hizo una escalera.

Del millón de ignorantes uno subió. Cuando llegó arriba le preguntó a loco solo cómo podía bajar al otro lado. Loco solo, enfadado, le hizo bajar, subió las escaleras, miró hacia el otro lado, pasó la escalera al otro lado, bajó con calma.

En el otro lado, se maravilló ahí, tranquilo, sólo y sin problemas. No dio vuelta atrás. Al fin y al cabo, es mejor ser un loco solo que un millón de ignorantes. La ciencia lo confirma.

Loco solo comenzó una nueva vida: vivió feliz por siempre.
Tambien puedes ser feliz.
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